Llegué a este país, procedente de Cuba, en 1961, y como inmigrante tengo una opinión distinta a la del reciente jaleo sobre la inmigración que la mayoría podría imaginar. La mayor parte de los hispanos, en efecto, creen en una estricta inmigración legal a Estados Unidos. No estamos a favor de las fronteras abiertas, y pensamos que cualquiera que entre en este país debe hacerlo legalmente y con los documentos apropiados.
La controversial ley de Arizona, que permite a la policía detener a las personas paradas legalmente para verificar su condición migratoria en Estados Unidos, es, en el mejor de los casos, una maniobra política. Soy un abogado litigante que rara vez he eludido la ocasión de agitar las cosas, y por lo tanto puede parecer insólito que diga esto, pero necesitamos bajar el tono de la retórica en el debate antiinmigración. El gobierno y los funcionarios de la ley deben buscar formas de atajar la inmigración ilegal sin perder de vista el propósito mayor de aplicar las leyes vigentes y proteger a nuestros ciudadanos.
La ley de Arizona es fallida en muchos aspectos. Primero, si una persona es arrestada en nuestro país, su condición migratoria ya se ha revisado como algo normal. Si usted es un inmigrante ilegal y es declarado culpable de un delito, paga una penalidad o va a la cárcel; y después tiene que lidiar con las autoridades de inmigración. Segundo, la ley es increíblemente antiamericana. Desde niños nos enseñan sobre la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. También recibimos una gran dosis de la noción de que en este país todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario. En Arizona, los agentes de policía ahora tienen la autoridad, si piensan que uno es culpable, de suponer que hay culpa y cuestionar el status migratorio. A veces, parece algo más propio de la desaparecida URSS que de Estados Unidos. Tercero, sin ningún propósito práctico más que el de alimentar las llamas contra la inmigración, la ley exacerba las tensiones étnicas y fomenta la discriminación.
Pero aparte de la política, desde una perspectiva de vigilancia policial, la ley obliga a los policías locales a concentrarse en asuntos federales en vez de velar por la seguridad de los ciudadanos y de las calles. Los policías están mucho mejor preparados para combatir el crimen real. Si quiere pruebas, revise las estadísticas de delitos del FBI, o pregunte a los jefes de policía de Arizona que hace poco expresaron su oposición a la ley.
Entonces, ¿cuál es el próximo paso? Sectores políticos fuertes como la agricultura, el procesamiento de alimentos y la manufactura dependen de la mano de obra barata y a veces ilegal de los inmigrantes. Nuestro gobierno y nuestros legisladores deben mantener su posición y tomar algunas decisiones difíciles.
omo la mayoría de los norteamericanos, muchos miembros de la comunidad hispana creen que se deben tomar medidas para expulsar a los inmigrantes ilegales, y que la amnistía no debe ser una opción, ya que los programas de amnistía anteriores sólo han servido para atraer más inmigración ilegal. Debemos seguir fortaleciendo nuestras fronteras y debemos adoptar una postura igual de firme ante países vecinos que alientan un flujo de inmigrantes hacia nuestro territorio. Debemos recordar que tenemos una de las políticas más liberales y generosas para permitir y alentar la inmigración legal.
Hará falta una enorme voluntad política para superar el problema de la inmigración ilegal. La respuesta no es poner a la policía local, que debe estar protegiendo a nuestras comunidades del crimen, a imponer la política nacional de inmigración.